Miércoles, Enero 23, 2008...19:29
La valiosa vida de las cucarachas
Ahora mismo, me estoy acordando de la primera casa que tuve en Madrid. Era una casa cochambrosa, destartalada y vieja. En ella había cucarachas. Un día, harto de encontrarme cada vez más ejemplares de esos desagradables bichos en los lugares más insospechados, fui a una droguería de esas antiguas (de las que ya casi no quedan: fría, oscura, con un olor característico, mezcla de naftalina, colonia Álvarez-Gómez y detergente) y compré cebos envenenados. Mano de santo, oigan: durante dos semanas me harté de barrer cadáveres de cucaracha, pero, salvo algún encuentro esporádico mucho más adelante, prácticamente no volví a saber de ellas. Debí exterminar yo solo una colonia de centenares de esos insectos. Mi pequeño gran genocidio de la Señorita Pepis: siéntase un Pinochetito, un Hitlercito, un Pol-Potito, por el módico precio de dos euros el cebo.
¿Saben qué? Normalmente no me importa, pero a veces siento lástima por aquellos pobres artrópodos. Aún es más: siento remordimientos. ¿Y saben por qué? Porque cuando leo cosas como esta, me doy cuenta de que las vidas de aquellas cucarachas, incluso consideradas de forma individual, valían mil veces más que las de algunas personas. Más que las del conductor temerario y ebrio de esta historia:
Disfrutábamos de nuestras vacaciones en un camping situado en el pueblo de Castañares (Haro - Rioja). Dado que por esa zona no hay mucha circulación, mi hijo solía desplazarse por allí con sus amigos en su bicicleta. Tenía 17 años. El 26 de agosto de 2004, Enaitz regresaba al camping en bici después de haber estado en el pueblo, situado a dos kilómetros. Fue tan cauto que volvía al camping utilizando un camino vecinal que discurre paralelo a la carretera secundaria LR-111. Sin embargo Enaitz al salir a la carretera LR-111, el conductor de un Audi A8 que circulaba a gran velocidad lo arrolló y lo mató.
Un “Informe Técnico” elaborado por un perito establece que la velocidad instantes previos al impacto del turismo, tomó un valor de 160 km/h, habiéndose realizado los cálculos con coeficientes de rozamiento conservadores. El límite de velocidad máximo permitido en esa carretera era de 90 km/h. La frenada fue tan fuerte que las huellas de la frenada estuvieron allí durante casi un año…
Sin embargo, más de un año después (3 de marzo de 2006), cuando intentábamos rehacer nuestras vidas para nuestro asombro e indignación se nos notifico que el conductor que atropelló a mi hijo nos ha interpuesto una denuncia por vía civil. En la demanda, nos solicita el pago de los desperfectos de producidos en su coche por el atropello (valorados en 14.000 Euros) y además nos pide otros 6.000 Euros por el tiempo en que ha tenido que utilizar otro coche sustituto para trabajar. Aunque si bien es verdad que con posterioridad a la demanda, nos hemos informado de que no se le conoce trabajo conocido y no se sabe muy bien en qué trabaja. También nos hemos informado de que la denuncia ha sido interpuesta por voluntad única y exclusiva del conductor, y que ha tenido que acudir a un gran número de abogados porque ninguno de los colegiados quería hacerse cargo del caso, dada la poca ética y moral que demostraba el demandante en su denuncia. Y más indignante es aún que no tengamos noticias de que se le haya impuesto ninguna multa, ni sanción, ni ningún tipo de castigo por lo ocurrido.
No lo digo sólo porque condujese borracho.
No lo digo sólo porque se pasara el Código de Circulación bien por el orto.
No lo digo sólo porque matara a un niño de 17 años.
Lo digo porque ahora encima tiene la poca vergüenza de denunciar a los padres de su víctima por los desperfectos que su cuerpo causó en su falamante Audi A8.
En fin, que tengo tal bloqueo mental que no se me ocurre nada original que decir al respecto, así que redactemos una de esas Cartas Abiertas que tanto gustan a algunos columnistas (especialmente a los más cursis).
Estimado pijo de mierda:
Espero que vuestra merced perdone a todos los peatones del mundo por obstruir, con su condición no sólo de seres vivos, sino de entidades materiales, la libre circulación de usted y su automóvil. Total, por muchas chorradas que digan algunos de que el ser humano, cuando forma parte de una sociedad, algo connatural a su condición de animal político, ha de atenerse a unas normas de conducta, ya sea la ley, ya sea la moral, eso no va con usted, ¿verdad? Eso es para los pringaos que no visten ropa de marca y van a currar en metro. Usted está hecho de otra pasta; quienes poseen coches de gran cilindrada pertenecen a una casta diferente; la plebe y sus estúpidas leyes se la traen floja. El hecho de poder conducir un Audi A8 (por ejemplo) les confiere unos fueros especiales, que les hacen mejores que nadie; ustedes sí pueden ser -y de hecho son- el buen salvaje de Rousseau, y son sólo los hijos de los muertos de hambre de mierda que hay por ahí, con sus bicicletas y su manía de no dejar a la gente conducir a 160 por carreteras comarcales, quienes les corrompen.
¿Sabe qué le digo, amigo? Ojalá gane su juicio, sí. Ojalá esos padres que tuvieron que enterrar a un hijo con 17 años y que nadie les devolverá jamás (es lo que tienen los churumbeles, que para ellos no hay garantía, no hay piezas de recambio) tengan que pagarle esos 20.000 euros que reclama, por tamaña afrenta. Abollar un Audi A8 con los huesos… ¿A quién se le ocurre semejante tropelía? Quizá eso le sirva para comprarse un coche nuevo con el que seguir jugando al Need for Speed en vivo. O para que su madre pueda al fin retirarse. Algunos vamos a echar de menos su griego profundo y su francés natural y hasta el final, pero supongo que es ley de vida: siempre se van las mejores.
Yo, por mi parte, cada vez que aplaste una cucaracha, pensaré en usted.
Suyo afectísimo.
Daniel
Lo peor de todo es que ese juicio se celebrará. Concretamente, el próximo 30 de Enero. Bienvenidos sean a la verdadera naturaleza humana. Bienvenidos al mejor de los mundos posibles. Por eso me encanta Voltaire.











5 comentarios
Miércoles, Enero 23, 2008 a las 20:19
A veces los seres humanos,son los menos humanos de los seres.Lo que hizo este señor no tiene nombre.
Por desgracia,hay gente que es asi,el mundo esta lleno de gente que solo piensa en el dinero antes que en las personas.Creo que no se puede comentar nada sin llegar a los insultos personales.
Miércoles, Enero 23, 2008 a las 20:21
Por cierto,yo tambien tengo cucarachas y no se fueron ni fumigando el bloque de pisos entero.En invierno no hay o solo sale alguna,pero en verano es el apocalipsis.
Miércoles, Enero 23, 2008 a las 21:11
Gracias
Jueves, Enero 24, 2008 a las 5:00
Indignación, estupefacción, repugnancia, ira, rabia y un largo etcétera de sentimientos indeseables son los que me producen hechos como éste. Y como bien ha dicho Mechaniloid, para no caer en insultos personales, simplemente no haré aprecio alguno sobre este ser, que ni tan siquiera sé si denominarle como tal.
Deseo firmemente que ese juzgado de Haro cumpla con su cometido de impartir justicia.
Jueves, Enero 24, 2008 a las 5:33
Y yo que iba a extenderme sobre mi fobia confesa a ese tipo de artrópodos (y más a la cucaracha americana, que es la que sale en la foto, es peor y más asquerosa que la autóctona) y resulta que de pronto me estoy acordando de la madre que parió a este elemento (y en sus abuelas y bisabuelas y en la parte proporcional de su padre y abuelos y bisabuelos a la mezcla de semejante ser).
Espero de todo corazón que el juez que juzgue este caso sea más decente y humano que el primero que se ocupó del atropello mortal (debería haber exámenes periódicos entre los miembros de la judicatura… y no precisamente sobre su conocimiento de las leyes en este país, no ¬¬) y que le caiga una buena. Y como la multa no va a ser suficiente castigo para lo que hice y los remordimientos que no tuvo… que acabe sus días en una cama de hospital, inmóvil e inútil y dependiendo hasta para cagar de otros.
Yo es que soy un tanto visceral, qué les parece.
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