El Autor

 

Nacido el año en que Las Grecas sonaban mucho con lo de “Te ehtoy amando locamenti”. Esas y la Remedios Amaya, con la barca que quién la maneja, quién… o eso creo. No esperen que me acuerde; era muy pequeño. Recuerdo que había muchos Mini Cooper por las calles de mi pueblo natal por aquel entonces. Ahora hay Seat Córdoba amarillos tuneados. Cualquier tiempo pasado fue mejor.

Soy extremeño afincado en Madrid. Hace ya años de eso, así que no me busquen por la boina ni por llevar una gallina debajo del brazo. Boina llevo, pero francesa, de paleto elegante. La gallina fue llamada al seno de Abraham hace ya mucho. Al ajillo, concretamente.

Me gustan los videojuegos. Soy adicto a ellos desde 1986, calculo. Una vez mi hermana mayor me amorró al Space Invaders en unos billares y aquello fue mi perdición. Ahora colecciono videoconsolas y dilapido mi sueldo en juegos. El MAME me parece el mejor invento de la historia de la humanidad desde la tortilla de patatas. Mi habitación es el salón recreativo más pequeño de Madrid. Eso sí: es el único con pelusas mutantes.

Me gusta el anime. Cuando te gustan los videojuegos empiezas a interesarte por todo lo que huela a japonés. Es como iniciarse en el caballo cuando el hash ya no te parece suficiente. Además, tenía antecedentes: veía “Candy Candy” con mi hermana. Y odiaba a Eliza, se lo juro. Y miren que estaba buena, la jodía.

Me gusta el lenguaje. Sé que es una afición un poco rara, pero soy de esos que se empollan la gramática castellana por gusto y están en la web de la RAE todo el santo día. Soy un maniático con la forma de hablar y de escribir de los demás y de la mía propia. Iba para filólogo, o para periodista, pero ya saben que en España las letras son colorín, pingajo y hambre. Por eso curro en lo que me sale.

Me gustan las cositas monas. Es una denominación genérica para el tipo de cosas de formas redondeadas y pequeñitas: SD’s (o chibis, como gusten), muñecas Pinky Street, figuras… Por esta regla de tres, la gente “mona” (especialmente las chicas) también me gusta. Ya sé que no es un gusto muy normal en un tío de metro noventa, ciento y pico kilos y con cara de desayunar vinagre todas las mañanas, pero es que soy así de ñoño. Creo que dejé de crecer mentalmente a los ocho años, o así.

Si por ventura le interesa lo que escribo, no me haga de mirón(a) y participe, leche. Deje un comentario o añada a “Favoritos” o a su “Blog surfer” este diario. No le garantizo que le vaya a corresponder, pero es lo más probable. En el fondo soy un buen chaval.



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