He empezado Febrero con buen pie: vacaciones en Granada, abusando de la hospitalidad de mis amigos Charo y Vicente. Me he puesto hasta las trancas de tapas y cerveza y he hecho algo de turismo, que nunca viene mal. ¡Ah! Y me he comprado una cachimba, para joderme los pulmones en plan perroflauta. Las fotos, otro dia, si me apetece. La verdad es que son aún mas malas de lo que esperaba. Quizá vaya siendo hora de aceptar que la fotografía no es lo mío.
Entre estos días de esparcimiento y holganza conforme al Estatuto de los Trabajadores, y que, a la vuelta, en el curro han decidido que tengo que pillarme una depresión post-vacacional aunque no quiera, no he tenido muchas ganas de escribir. Miren que cosas como el pucherazo fiscal de Zetapé (Hacienda te dará 400 euros si me votas) o Marianosh y su intención de vestir de faralaes a las chachas ecuatorianas de sus vecinos me lo han puesto a huevo. Y miren que hace tiempo que quiero hablarles sobre Sayonara Zetsubo Sensei, una de las mejores series de anime que he visto en mi vida, en todos los sentidos (un solo minuto de cualquier episodio de esa serie cuenta y más cosas y transmite más ideas que 200 capítulos de Naruto), pero no, nada de nada. Estoy vago, qué le vamos a hacer.
Quizá por eso he tenido que obligarme a dejar de hacer el hostia y ponerme a aporrear el teclado. Sí, me he auto-impuesto escribir una serie de cosas, a ver si a palos, como los borricos, salgo de este bloqueo del escritor. Como dijo aquel, escribir es un 1% de inspiración y un 99% de transpiración. Bueno, algo así. Espero que no me abandone el desodorante en el proceso, porque me espera lo siguiente:
Retrobits necesita más vidilla. Una actualización cada mes y medio es muy poco. Lo malo es que no sé si realmente merece la pena hacerlo a costa de acortar y simplificar mis artículos. No me gusta dejarme cosas en el tintero. Admito que mi último artículo me ha quedado un poco demasiado denso, pero hay juegos que merecen algo más que una crítica impresionista con dos lagrimillas nostálgicas, despachadas en cuatro líneas, y Umihara Kawase es uno de ellos. A ver si el jefe regresa pronto…
Daniel Jiménez me ha propuesto escribir un artículo para Videojuegos y Sociedad. Ya estoy en ello, y espero poder aprovechar este fin de semana para terminar el texto, o al menos tener un borrador. Luego está el peliagudo tema de las capturas de pantalla. Me gustaría poder hacerlas yo, pero conseguir una capturadora de vídeo no va a ser tan fácil como pensaba, y sería muy triste tener que tomarlas de otro sitio web. No me parece de recibo. Además, la marca de agua que suelen poner algunas webs hace que tu latrociono sea demasiado evidente, y queda de un cutre que espanta al miedo. Ya veré cómo lo resuelvo.
Le he hecho una proposición indecente a Paco, el transalpino. Un día que me aburría mucho (muchísimo), se me ocurrió una historia con los personajes de La Pucelle: Tactics, ese juego del que soy un fanboy irredento. Yo le pregunté que si estaría dispuesto a dibujar la historia en caso de considerarla buena, y él me dijo que sí. En fin, ya les contaré.
Y nada más que contar, hoygan. Mi vida no es tan apasionante, ya saben. Nos leemos pronto, espero.
Mientras continúa el debate en Mondo-Píxel acerca de qué es lo que deber ser la crítica de videojuegos a partir de ahora, con serenidad, ecuanimidad y una tormenta de ideas bastante interesantes, mi tocayo, en Videojuegos y Sociedad, nos acerca a otro debate, en Fox News: ¿es Mass Effect la nueva Sodoma?
Por un lado, el blog de una serie de individuos socialmente segregables, carne de patíbulo, por seguir dedicándose a matar marcianitos, a sus años.
Por otro, un medio de comunicación de reconocido prestigio, con colaboradores que han escrito libros y tienen estudios y eso.
Les invito a que comparen uno y otro debate y juzguen ustedes mismos
Ahora mismo, me estoy acordando de la primera casa que tuve en Madrid. Era una casa cochambrosa, destartalada y vieja. En ella había cucarachas. Un día, harto de encontrarme cada vez más ejemplares de esos desagradables bichos en los lugares más insospechados, fui a una droguería de esas antiguas (de las que ya casi no quedan: fría, oscura, con un olor característico, mezcla de naftalina, colonia Álvarez-Gómez y detergente) y compré cebos envenenados. Mano de santo, oigan: durante dos semanas me harté de barrer cadáveres de cucaracha, pero, salvo algún encuentro esporádico mucho más adelante, prácticamente no volví a saber de ellas. Debí exterminar yo solo una colonia de centenares de esos insectos. Mi pequeño gran genocidio de la Señorita Pepis: siéntase un Pinochetito, un Hitlercito, un Pol-Potito, por el módico precio de dos euros el cebo.
¿Saben qué? Normalmente no me importa, pero a veces siento lástima por aquellos pobres artrópodos. Aún es más: siento remordimientos. ¿Y saben por qué? Porque cuando leo cosas como esta, me doy cuenta de que las vidas de aquellas cucarachas, incluso consideradas de forma individual, valían mil veces más que las de algunas personas. Más que las del conductor temerario y ebrio de esta historia:
Disfrutábamos de nuestras vacaciones en un camping situado en el pueblo de Castañares (Haro - Rioja). Dado que por esa zona no hay mucha circulación, mi hijo solía desplazarse por allí con sus amigos en su bicicleta. Tenía 17 años. El 26 de agosto de 2004, Enaitz regresaba al camping en bici después de haber estado en el pueblo, situado a dos kilómetros. Fue tan cauto que volvía al camping utilizando un camino vecinal que discurre paralelo a la carretera secundaria LR-111. Sin embargo Enaitz al salir a la carretera LR-111, el conductor de un Audi A8 que circulaba a gran velocidad lo arrolló y lo mató.
Un “Informe Técnico” elaborado por un perito establece que la velocidad instantes previos al impacto del turismo, tomó un valor de 160 km/h, habiéndose realizado los cálculos con coeficientes de rozamiento conservadores. El límite de velocidad máximo permitido en esa carretera era de 90 km/h. La frenada fue tan fuerte que las huellas de la frenada estuvieron allí durante casi un año…
Sin embargo, más de un año después (3 de marzo de 2006), cuando intentábamos rehacer nuestras vidas para nuestro asombro e indignación se nos notifico que el conductor que atropelló a mi hijo nos ha interpuesto una denuncia por vía civil. En la demanda, nos solicita el pago de los desperfectos de producidos en su coche por el atropello (valorados en 14.000 Euros) y además nos pide otros 6.000 Euros por el tiempo en que ha tenido que utilizar otro coche sustituto para trabajar. Aunque si bien es verdad que con posterioridad a la demanda, nos hemos informado de que no se le conoce trabajo conocido y no se sabe muy bien en qué trabaja. También nos hemos informado de que la denuncia ha sido interpuesta por voluntad única y exclusiva del conductor, y que ha tenido que acudir a un gran número de abogados porque ninguno de los colegiados quería hacerse cargo del caso, dada la poca ética y moral que demostraba el demandante en su denuncia. Y más indignante es aún que no tengamos noticias de que se le haya impuesto ninguna multa, ni sanción, ni ningún tipo de castigo por lo ocurrido.
No lo digo sólo porque condujese borracho.
No lo digo sólo porque se pasara el Código de Circulación bien por el orto.
No lo digo sólo porque matara a un niño de 17 años.
Lo digo porque ahora encima tiene la poca vergüenza de denunciar a los padres de su víctima por los desperfectos que su cuerpo causó en su falamante Audi A8.
En fin, que tengo tal bloqueo mental que no se me ocurre nada original que decir al respecto, así que redactemos una de esas Cartas Abiertas que tanto gustan a algunos columnistas (especialmente a los más cursis).
Estimado pijo de mierda:
Espero que vuestra merced perdone a todos los peatones del mundo por obstruir, con su condición no sólo de seres vivos, sino de entidades materiales, la libre circulación de usted y su automóvil. Total, por muchas chorradas que digan algunos de que el ser humano, cuando forma parte de una sociedad, algo connatural a su condición de animal político, ha de atenerse a unas normas de conducta, ya sea la ley, ya sea la moral, eso no va con usted, ¿verdad? Eso es para los pringaos que no visten ropa de marca y van a currar en metro. Usted está hecho de otra pasta; quienes poseen coches de gran cilindrada pertenecen a una casta diferente; la plebe y sus estúpidas leyes se la traen floja. El hecho de poder conducir un Audi A8 (por ejemplo) les confiere unos fueros especiales, que les hacen mejores que nadie; ustedes sí pueden ser -y de hecho son- el buen salvaje de Rousseau, y son sólo los hijos de los muertos de hambre de mierda que hay por ahí, con sus bicicletas y su manía de no dejar a la gente conducir a 160 por carreteras comarcales, quienes les corrompen.
¿Sabe qué le digo, amigo? Ojalá gane su juicio, sí. Ojalá esos padres que tuvieron que enterrar a un hijo con 17 años y que nadie les devolverá jamás (es lo que tienen los churumbeles, que para ellos no hay garantía, no hay piezas de recambio) tengan que pagarle esos 20.000 euros que reclama, por tamaña afrenta. Abollar un Audi A8 con los huesos… ¿A quién se le ocurre semejante tropelía? Quizá eso le sirva para comprarse un coche nuevo con el que seguir jugando al Need for Speed en vivo. O para que su madre pueda al fin retirarse. Algunos vamos a echar de menos su griego profundo y su francés natural y hasta el final, pero supongo que es ley de vida: siempre se van las mejores.
Yo, por mi parte, cada vez que aplaste una cucaracha, pensaré en usted.
Suyo afectísimo.
Daniel
Lo peor de todo es que ese juicio se celebrará. Concretamente, el próximo 30 de Enero. Bienvenidos sean a la verdadera naturaleza humana. Bienvenidos al mejor de los mundos posibles. Por eso me encanta Voltaire.
Veamos… Estamos con lo de siempre: quiero actualizar, pero hoy los periódicos no me han dado motivos suficientes. Mi perra vida tampoco, porque es mi día libre, me acabo de levantar, y pienso pasar lo que me queda terminando de ver Simoun y jugando al Eternal Sonata un poco más. Así que les voy a amenizar la visita a este panfleto con dos chorradas que a mí me hacen mucha gracia. Hay premio si también se la hace a ustedes:
(Pulsen sobre la imagen para verla en su tamaño original)
Desconozco quién es el autor de los fanarts utilizados, y agradeceré cualquier dato al respecto. El montaje es del colega Paco (autor también del avatar de esta entrada, otro chiste muy nuestro), con quien más de una vez he bromeado sobre la posibilidad de que Miyako, de Pani Poni Dash, sea la hija imposible de Haruka y Yukino, de Mai Hime / Mai Otome. Explicación gráfica de esta teoría:
+
=
Como ven, no es tan descabellado. Además, Miyako es irascible y marimacho como Haruka, pero también una rata de bibliotaca como Yukino, con lo cual no sólo heredaría características físicas de sus mamás.
La otra chanza la encontré ayer por la noche en MondoPixel, donde, por cierto, el debate se está poniendo bastante interesante. Creo que aunque tengan la poca vergüenza de no conocer Portal no conozcan Portal, le van a encontrar su gracia a este vídeo:
Sencillamente impagable, ¿no créen?
Les dejo por hoy. Como diría el doctor House, hay mucho porno en Internet, y no va a descargarse solo.
Créanme: conocer a fondo las variante geográficas y las visicitudes con la censura de las diferentes encarnaciones de Metal Slug SON conocimientos inútiles. Recitar de memoria los dramas judiciales del Tetris SON conocimientos inútiles. Sacar el 400% de un Castlevania es meritorio, pero no útil. Y del mismo modo relacionar Metal Slug con los animadores americanos de principios del siglo XX, trazar los orígenes del Tetris en pasatiempos matemáticos o en la prolongada tradición de juegos de mesa más allá de los Balcanes o explicar con tres frases por qué Castlevania es una serie tan sacrílega e ingenua a la vez (y no, la respuesta no es “estos japos están locos”) SI es necesario, SI es útil. La crítica de videojuegos necesita menos gente diciendo “eh, que es sólo mi opinión, tengo derecho a expresarla” y más gente con los cojones de decir “mi opinión es más válida que la tuya“.
Yo no estoy intentando separar entre una crítica mala y una crítica buena, como (comprensiblemente: no me expliqué muy bien) quizás me malinterpretó Chaiko al principio: creo que para empezar nuestra tarea deberíamos distinguir entre qué es crítica y qué no lo es. Establecer unos códigos para interpretar mecánicas estaría muy bien, y desde luego, decidir qué es la interactividad y cómo funciona.
Y sobre todo creo que deberíamos dejar de lado la idea de que la crítica distingue entre juegos buenos y malos, porqque entonces entramos una vez más en la puta mierda de las notas y de la independencia (inexistente: dejemos ya ese tema) y no se trata de eso. La crítica madura debería hablar de cómo son los juegos, debería explicarlos, y no clasificarlos, valorarlos o ponerles estrellas.
John Tones, en MondoPixel, llama a la reflexión a aquellos que se dedican a escribir sobre videojuegos y, creo yo, a todos los aficionados a esto de matar marcianos y forjarse como sociópatas asesinos en serie, entre quienes me incluyo.
Lo malo de que te toque una guardia de fin de semana y no haberte traído a la oficina ni la Nintendo DS, ni un libro, ni una película porno, es que lo único que tienes para llenar tantas horas, aparte del poco trabajo que pueda haber, es ponerte a nevegar por Internet. Y digo “lo malo” porque, a pesar de lo que pueda parecer, yo soy de los que se aburren enseguida de surfear por la telaraña mundial, y llega un momento, siempre en torno a la media mañana, en que me pongo a dar palos de ciego por los motores de búsqueda y acabo en los sitios más insospechados. Así, en estas interminables sesiones de masoquismo intelectual fruto de la ociosidad, a menudo me sorprendo a mí mismo sometiéndome de forma voluntaria y totalmente responsable (o irresponsable, según se mire) a un bombardeo de información inútil que no sé si mi cerebro puede asimilar, en una actitud, si no igual, al menos bastante parecida a la del televidente solitario y dominguero que se abandona al zapping compulsivo, aún sabiendo que ya no le queda nada interesante por ver.
De todos modos, entre toda la mierda en la que uno escarba, siempre puede encontrar, casi siemrpe de chiripa, cosa útiles, divertidas o, como mínimo, más o menos interesantes. Aquí algunas muestras de la cosecha de pendejadas electrónicas de la jornada de hoy: Seguir leyendo →
Con rabo y cuernos. Sí, como yo, según algunos. Yo tenía la esperanza de que el hecho de que los grandes grupos de comunicación de este país lleven años mojando -al menos en cierta medida- en la rica salsa de Internet apaciguaría un poco el sensacionalismo de los medios a este respecto, pero veo que no. Es más, a veces pienso que algunos de nuestros periodistas y periodistos son tan sumamente lerdos que seguirían, por ejemplo, echando mierda sobre los videojuegos aunque Nintendo comprase el 100% de las acciones de la mano que les da de comer.
No obstante, debo imaginar que el problema es que los medios de comunicación “tradicionales” y quienes lo representan ven en Internet más amenazas que posibilidades de expansión y perspectivas de futuro. Piensen que ya somos muchos los que preferimos tener una cirta capacidad de ejercer el poco espíritu crítico que nos queda leyendo, viendo y escuchando lo que nos sale de salva sea la parte, en lugar de tragarnos lo que nos echen con el encéfalo en modo promiscuo, cuando no directamente apagado o fuera de cobertura, siempre después de la publicidad. Y eso es inadmisible, oigan.
De todos modos, creo que David Bravo lo explica mejor en este vídeo:
Ojalá en este país hubiese más gente como este tío, de verdad.
Una vez más, quiero escribir, pero no sé de qué, así que aquí les traigo cantidades ingentes de carne ajena, lista para ser devorada. ¿Para qué escribir cuando los demás lo hacen por ti?Seguir leyendo →
Alguien que lleva más de dos décadas siendo aficionado a los videojuegos, a menudo no puede evitar asociar sus recuerdos o algún aspecto particular de su vida con algún juego y viceversa. Por ejemplo, el otro día, no se sabe aún a santo de qué, me dio por volver a jugar a un juego de Neo Geo que amenizó incontables tardes de domingo hace unos años, cuando aún vivía en casa de mi madre, iba al instituto y me aburría como un oso. Dicho juego era Twinkle Star Sprites. No jugaba a él en la consola original, sino en mi recién comprado PC, gracias a un magnífico emulador llamado NeoRAGEx. Y por alguna extraña conexión sináptica creada en mi cerebro, recordé un poema de León Felipe.
Les parecerá muy absurdo todo lo que acabo de decir, ya que nada tienen que ver los cojones y comer trigo, pero les explico de qué va la historia.
Aquellas tardes de juegos las solía acompañar con la radio de fondo. La música de los juegos de 16 bits a veces se hacía algo cansina. Además, el sonido de la Neo Geo no estaba muy bien emulado por aquel entonces, así que muchas veces apagaba los altavoces de mi equipo y me ponía de fondo la SER o Radio 3. Pues bien, una de esas tardes mi compañero fue el tristemente desaparecido Jesús Velasco (bueno, creo recordar que era él), quien presentaba entonces uno de esos maravillosos programas de nada en concreto y a la vez de todo lo humano y lo divino con los que a veces la cadena de PRISA llena las tardes que no hay puto fútbol de mierda. Aún no sé por qué, el amigo Velasco se arrancó a leer el poema ¡Qué Lástima!. No soy especialmente aficionado a la poesía, lo admito. Salvo Antonio Machado, de cuyos Campos de Castilla soy devoto, y quizá (sólo quizá) aquel entrañable cabronazo llamado Juan Ruiz, que era Arcipreste de Hita, no se puede decir que sea seguidor de ningún poeta. Pero debo admitir que este se me quedó grabado sólo con oírlo, e incluso paré el juego para poder prestarle toda mi atención. Bien es verdad que el vozarrón de Jesús Velasco también ayudaba mucho.
Como decía, en un momento de mi sesión de revival con Twinkle Star Sprites, tuve la necesidad urgente de volver a oír o de volver a leer ese poema. Paré el emulador (esta vez el todopoderoso MAME) y me encomendé a San Google para encontrarlo. Y aquí lo tienen: Seguir leyendo →
Qué desilusión. Y yo que esperaba que iban a correr ríos de tinta demagógica por la noticica delsubnormal de Bilbao que casi se carga a su padre estrangulándolo con uno de los cables de su videoconsola… Se ve que esos grandes expertos en todo que largan en las teles y en los arradios están aún con la resaca de las celebraciones de Año Nuevo; no les he visto con la acostumbrada rapidez de reflejos a la hora de abrir su enorme e indocumentada bocaza. Tampoco mi tocayo ni la gente de Ludosofía parecen hacerse eco de ninguna barbaridad dicha con relación a esta noticia, así que quiero creer que el panorama no es especialmente desolador.
Bueno, parece que, sin carnaza, no me animo a escribir. Hace mucho que no opino que Cartago debe ser destruida, como ya habrán notado. Bueno, al menos me lo ahorro en salud. Así que aprovecharé que hoy no estoy de un humor especialmente malo, para… por ejemplo… ¿Saben? Me apetece ejercer de pirata y de pendejo electrónico, así que, si no les importa, voy a compartir con ustedes algunas de las alegres melodías que tengo en mi reproductor MP3 portátil, por el cual no pagué canon ninguno ni tendría por qué hacerlo, dado que en él sólo llevo copias privadas de mis CDs originales, por los que ya pagué una pasta en su día.
Vamos, que les voy a poner unas cuantas canciones para que las descarguen por la patilla, ¿vale? Así, porque sí, porque me han caído simpáticos. Seguir leyendo →